jueves, 1 de noviembre de 2007

El tema de mi obra o el vouyerismo que llevo dentro.


Mi mirar se convierte en una acción que culmina con una pintura. No busco la pose, ni el momento planifíco y la espera premeditada rehuyo. Busco una vista furtiva a un momento intimo en el cual no soy invitado. Me complace saber que soy el anónimo frente a la musa. Me incita la mujer a que la pinte, pero no solo se trata de pintar lo visto, lo que veo o lo que veré, ella es la justificación para tratar un tema no necesariamente sexual.

Parto de la figura para buscar y muchas veces encontrar lo que mis ojos no han visto.

Pinto por complacer mi sentido de la vista y el discurso temático son pequeñas disertaciones que no encuentran cabida en mis pensamientos. La pintura la he convertido en una catarsis, un juego entre lo que quiero ver y lo que quiero decir. Busco el óleo, la acuarela; la mancha y los colores por que no encuentro las palabras y sí las figuras para que se me escuche y muchas veces entender y entenderme yo mismo.

Busco un lenguaje pictórico con la luz y la sombra. La dicotomía de estos dos elementos clarifica el motivo de la obra. El trazo y la pincelada alla prima me permite realizar un trabajo lúdico y expresivo.

El tema de mi trabajo: la poca y en ocasiones manipulada capacidad del ser humano de decidir libremente sus acciones. Retratar al hombre y mujer frente a una sociedad donde se privilegia el automatismo y no los impulsos.
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